Digital Cinema System Specification
Junio 6, 2008En pdf, disponible aqui.
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Ochenta años después, el Palacio de la Música, afamada sala de cine de la capital, cierra sus puertas. Desaparece así un referente del paisaje y del ocio de la ciudad. El Palacio de la Música pasa así a engrosar la cada vez más larga lista de salas históricas madrileñas desaparecidas.
Son multitud los madrileños que han vivido en el histórico edificio de las cercanías de la plaza de Callao esos momentos inolvidables que sólo el celuloide hace posible, por lo que no extraña que hayan surgido ya los lamentos por la pérdida de uno de los emblemas del ocio ciudadano del último siglo. Desde la Asociación Nacional de Amigos de los Teatros de España (AMITE) califican la noticia de «lamentable» y denuncian que desde que en el año 2003 el Ayuntamiento retiró la protección de uso cultural a las salas se inició una ola de cierres que parece no tener fin. La asociación se queja de que «Madrid llegó a tener en los últimos setenta años más de 500 salas de cine y hoy no son más de 20». Para frenar esta sangría, que se ha cobrado ya víctimas tan recordadas como el Callao, el Capitol o el Avenida, AMITE demanda al Consistorio un plan especial de protección para estos históricos espacios, hoy expuestos a los avatares del agitado mercado inmobiliario. Cines como el Fuencarral fueron derribados y en su lugar se levanta hoy un bloque de viviendas, y otros «de gran interés arquitectónico», como el Carlos III o el Tívoli, afrontan, según AMITE, un destino similar de modo inminente. El último en extinguirse, el Palacio de la Música, fue construido nada menos que en 1926, obra del arquitecto Secundino Zuazo. El uso que recibirá ahora el edificio es una incógnita, aunque se especula con que la Fundación Caja Madrid lo adquiera para convertirlo en auditorio musical.
La Gran Vía es el punto de la ciudad donde se hace más llamativo un fenómeno que está transformando los hábitos de recreo de los vecinos de Madrid. Si antaño lo corriente era acudir al centro para ver los últimos estrenos, ahora que la oferta allí se ha visto notablemente reducida, la alternativa está en los multicines de los enormes centros comerciales que proliferan en la periferia. Los tiempos están cambiando.
Aunque para muchos asuntos tecnológicos tomemos a Francia como modelo a seguir (por ejemplo, a la hora de quejarnos sobre la velocidad del ADSL, como hacíamos en el anterior post) bien es cierto que las medidas tomadas por Nicolas Sarkozy para combatir la piratería no son del agrado de los internautas españoles y, cuando Promusicae solicita que se apliquen también en nuestro país, ponemos el grito en el cielo (no sin razón).
Lo de mandar ‘avisos’ a los navegantes que descarguen archivos ilegales amenazándoles con el corte del acceso a Internet es una posibilidad (realidad ya en el país galo) que no ha gustado nada a las asociaciones de consumidores, que lo consideran un disparate que cohartaría la posibilidad de ‘compartir cultura en la Red’, término que utilizan para designar lo que desde la Sociedad de Autores califican de ‘piratería’.
Responder a la pregunta que da título a este post es tan complicado como resolver la cuestión de la gallina de los huevos de oro. Unanimidad no vamos a conseguir nunca, pero lo cierto es que hay que defender los intereses del usuario y no limitar las posibilidades de un medio -y una industria- como es Internet. Al menos no con leyes restrictivas.
Google a modificado hoy el logo de su página:

Se conmemora el 112 aniversario de las primeras exhibiciones cinematográficas que tuvieron lugar en España, durante la Feria de San Isidro de 1896.
Para mas información, Wikipedia
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